Desde muy pequeño, ya daba dotes de ser especial. Es tremendamente obediente, tan solo debo decir…Micky, hijo, dónde estas?, también..Micky, toma!!, o Micky ven!!. Acude de inmediato. Le digo piropos y me responde «gatunamente». Le asemejo mi mano a una pistola, y dándole en la patita trasera le digo…pum pum, muerrrtoo!!, y cae al suelo quedándose quieto. Y menudas tardes nos echamos jugando al escondite por casa.