Es tranquila y muy inteligente. Camina a tu lado sin correa, le dices «para» y se queda quieta en un paso de cebra esperando a que le des la orden para cruzar al grito de «pasa».
Le enseñamos que antes de entrar en casa tenía que estar quieta para así limpiarle las patas y no ensuciar.
Sabe que si quiere comer tiene que estar sentada en la silla que se le compró para eso.
También, para finalizar, entre otras cosas, se ha enseñado a empujar tu mano hacia su barriga para que continúes rascándole y no pares.