Rogelio ha recibido un adiestramiento totalmente familiar. Reconoce su nombre y responde a las llamadas y reclamos. Sabe subir (apoyarse en dos patas) y bajar.
Paseamos casi a diario y Rogelio no lleva correa puesto que sigue a sus dueños y obedece sus órdenes. Es un cerdito muy especial.